Erik Urano

Erik Urano lleva años orbitando los márgenes del rap nacional, más interesado en tensionar el lenguaje que en acomodarse a él. Con Stalker, su último trabajo, afila esa deriva hacia lo incierto: un disco que no busca respuestas, sino sostener la incomodidad, moverse entre la niebla y dejar que las canciones respiren como fragmentos abiertos más que como relatos cerrados.
En directo, esa lógica se traduce en una experiencia más sensorial que narrativa, donde lo digital y lo emocional conviven sin jerarquías claras. Bases que mutan, voz en primer plano y una atmósfera que rehúye el impacto inmediato para quedarse en lo que persiste después, una forma de resistencia íntima en medio del ruido.



