BORIS
Japón posee una historia alternativa del rock, construida a partir de la asimilación acelerada, forzosa y fascinada de la cultura occidental. Una cronología de accidentes felices que genera monstruos como Boris.
El trío formado por Takeshi, Wata y Atsuo ha alcanzado su tercera década de vida consolidado como un centro de gravedad del underground, una célula que declina todos los palos del feedback, de la psicodelia al sludge, del stoner al drone metal, pasando por el noise puro y duro.
Que entre sus amigos y aliados se cuenten Sunn O))) y Merzbow, Ian Astbury y Keiji Haino, que puedan editar discos tanto en Southern Lord como en Third Man o en Sacred Bones, o que pongan música a películas de Jim Jarmusch indica no solo lo cotizados que están, sino el infinito catálogo de matices que posee su concepción del ruido.












